YA me lo imagino. Once de la mañana, hora en que algunas señoras ociosas se quedan catatónicas delante de la caja tonta, que lo mismo te vende una crema babosa que te convierte en millonaria, o en morosa, según se mire, a golpe de teléfono. De repente, una voz saca a las espectadoras del letargo consumista.
«¿Cansada de las dietas espartanas en las que hasta el aire tiene calorías? ¿Harta de las horas de pedaleo que le dejan el culo hecho una pandereta? ¿Se acabó su lucha con la báscula! Fergie tiene la solución: una carrera diaria y sus kilos de más empezarán a pasar a la historia».
Como para no subirse al carro o a la cinta, teniendo en cuenta el historial de Sarah Ferguson, duquesa de York y ex mujer el príncipe Andrés de Inglaterra, para poner a raya sus michelines.
La enésima cruzada de la ex nuera de la reina de Inglaterra para dar esquinazo a las curvas es una oda al lema 'más suela y menos cazuela'.
Y es que según han podido comprobar los vecinos de la lujosa urbanización gaditana de Sotogrande, donde pasa algunos días de vacaciones en compañía de sus dos hijas y de su ex marido, la que en su día fuera adalid del método 'Weigth watchers' se ha pasado a las bebidas isotónicas y a los entrenadores personales. Y hasta levanta polvillo a su paso en un alarde a lo Carl Lewis pero a años uva de su color de piel, todo hay que decirlo.
En compañía
De esta guisa se viste todas las mañanas, estrambótica camiseta plastificada incluida, para hacer 'footing' acompañada de una fornida joven. Y visto lo visto, parece que ejerce de su gurú deportiva en un intento de que mantenga el ritmo y no baje la guardia.
Una labor a medio camino entre la mítica perla de la serie de jóvenes bailarines en ciernes -«queréis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar. Con sudor»- y las animadoras de los partidos de baloncesto, siempre risueñas. Dame una 'f', dame una 'e', dame una 'r',... 'Fergie'... Como para tomarse un respiro ante tanta presión.
Pero si Fergie, como la conocen cariñosamente o con mala uva, que a veces son las dos caras de la misma moneda, no corre sola, tampoco veranea en su única compañía.
Se ha traído a Cádiz, donde está prevista su asistencia para entregar los premios de la enésima competición de polo del verano (de los caballos, no del helado de hielo, queda claro), a sus hijas y, lo que es más sorprendente, a su ex marido, el príncipe Andrés de Inglaterra.
Nadie sabe dónde se alojan, por más que los paparazis hacen guardia por todos los rincones desde la salida a la caída del sol gastando en cantidades industriales protectores pantalla total, ni mucho menos por qué pasa su asueto en compañía de su ex marido. Para qué preguntar.
La casa real británica, ya se sabe, nunca se ha caracterizado por ser previsible. A la reina le han salido sarpullidos de todos los colores. Con su otro hijo y los tampones o con sus nietos díscolos. Siguiente... |