Por alrededor de una hora y cuarenta minutos, Juan Carlos Baglietto interpretó sus clásicos pero también presentó canciones de su nuevo disco, Sabe quien…
Sin perder su buen sentido del humor y de hacer notar en diversas oportunidades el orgullo de ser rosarino, afirmó que aún hay canciones buenas sobre el amor y hasta se animó a un trío de percusión con caja Peruana ante un público que coreó Dios y el diablo en el taller y La vida es una moneda.
Rescate emotivo
Estaban los que pedían Era en Abril y aquellos que deseaban por lo bajo la versión de Ji, ji ji (de los Redonditos de Ricota).
Ninguno de los dos temas estuvo en el repertorio. No obstante el espectáculo complació a todos los presentes con un Baglietto jovial y distendido, acompañado de cinco excelentes músicos.
Apenas pasadas las 23 y ante 300 espectadores, el artista arrancó con Parado (de Rubén Blades) y Me asomo, ambos de su último disco Sabe quien…, de 2006, y siguió por Príncipe del manicomio (de Adrián Abonizio).
Las más nuevas canciones, como Tu decisión y Mundo redondo (ambos de Javier Sánchez) no fueron las más celebradas por la audiencia pero resultaron de un sencillo intermedio para las interpretaciones más populares de un Baglietto que regaló carisma.
“Recuerdo que hace mucho tiempo, cuando comenzábamos a tocar, no había muchos espacios, pero estaban las peñas. A pesar de que no tocábamos folclore nos dejaban tocar…los miércoles a la mañana”, dijo con ironía Baglieto y siguió por la aplaudida versión de Eclipse de mar (de Joaquín Sabina) y El gigante de ojos azules (basada en una poesía de Nazim Hikmet).
También cantó Carcará (de su coterraneo Jorge Fandermole) y aclaró con ironía que “no todos los compositores son de Rosario”.