El llenazo absoluto vaticinaba una gran noche de Metal, y
Megadeth no defraudó. Con puntualidad kantiana, los de
Dave Mustaine saltaron al escenario con una potente ‘
Sleep Waker’, a la que siguió ‘
Wake Up Death’, ‘
Take No Prisoners’ y un ‘
Skin O’ My Teeth’, que cerró el primer bloque del concierto. Para entonces,
Mustaine ya se había dirigido a su público para agradecerle el recibimiento, algo que repitió en varias ocasiones durante la noche.
Sonaron hasta siete temas de su último álbum,
United Abominations, algunos de ellos muy celebrados, y siempre bajo un sonido francamente sólido. El público se sabía las canciones, y tanto la calidad como la potencia que transmitían dejaron claro que tenemos
Megadeth para rato.
Mustaine se mostró con algunos problemas de voz derivados, al parecer, de un catarro, pero sus errores fueron eclipsados por el impresionante manejo que hizo de la guitarra.
Dave dejó bien claro por qué
Megadeth fue el icono del Thrash Metal de los 80 y el Metal de los 90, tras los, ya en clara decadencia,
Metallica.
Respecto del resto de integrantes del grupo, hay que decir que con su buen hacer consiguieron que no se echara de menos a formaciones anteriores. Mención especial merece el guitarrista
Chris Broderick y, sobre todo, el bajista
James Lomenzo, que sumó a su actuación grandes dosis de entrega y espectáculo.
El grado de comunicación que mostraba
Mustaine y la pasión que demostraba el público hicieron que el concierto fuera subiendo en intensidad, hasta alcanzar un punto álgido muy conseguido. Especialmente impresionante resultó ‘
A Tout Le Monde’, coreada a voz en grito por todo el auditorio.
Todo iba sobre ruedas, y sólo faltaban los grandes temas de la banda: ‘
Hangar 18’, ‘
Symphony Of Destruction’ y una referencia a ‘
Paranoid’ de
Black Sabbath terminaron de calentar el ambiente. No llegó a sonar la muy esperada ‘
Countdown To Extinction’, pero sí la potente ‘
Holy Wars’, que cerró el bis, y dejó más que saciado a un público que pudo disfrutar de unos
Megadeth en plena forma.