Angelina Jolie se enoja cuando la critican, a tal punto que propone establecer una suerte de cláusula para que durante las entrevistas los periodistas accedan de antemano a no realizar ningún tipo de pregunta incomoda. ¿El resultado? Horrible. Los periodistas se niegan a participar de esta campaña de censura encubierta y revelan públicamente los planes de la actriz, que queda como una intolerante frente al mundo entero. ¿El problema? Angelina se toma a sí misma demasiado en serio. Debería aprender de Miranda!, que ante las innumerables críticas de las que fueron blanco en su corta pero polémica carrera (que son muy artificiales, excesivamente románticos, vacíos y la lista continúa por kilómetros) redoblan la apuesta synth-pop adornada con brillos y lentejuelas para consumo masivo en El disco de tu corazón.
La gran M dorada protagonista de la portada (en alusión a la cadena fast food de los arcos dorados), el encendido rojo pasión y la superpoblación de corazones anticipan el elevado grado de ironía que reinará durante toda la tercera entrega discográfica de la banda de Ale Sergi; un chistecito a sus detractores, esos a los que se le marca la vena de la frente ante esa estética que roza tangencialmente el universo kitsch de los drag-queens. El resto, un gran guiño a sus fans ya que, en términos musicales, El disco de tu corazón no es un despegue radical de sus dos producciones anteriores, sino más bien un perfeccionamiento de fórmula.
Bajo las órdenes de Cachorro Lopez, continúan danzando al ritmo del tecnopop esponjoso y la dinámica pimpinelística de telenovela mexicana con un elaborado y cada vez más protagónico trabajo vocal, mientras exploran el territorio del amor en clave adolescente: celos, rupturas, obsesiones amorosas, tamizado bajo una mirada sencilla y sazonado con esa dramaturgia teatral que los caracteriza.
Ya sea coqueteando de tanto en tanto con las guitarras rockeras (“Enamorada”), hilvanando esas melodías tragicómicas pero que se instalan en la memoria (“Prisionero”, “Te atreviste y me morí”), invitándonos a bailar sin restricciones (“Amanece junto a mi”) o bajo un mantra angelical eclesiástico (“Hasta hoy”), Miranda! flamea una vez más la bandera del romance empalagoso con una actualización de su sonido, más pulido y cuidado en esta entrega. Y nos recuerdan que tomarse demasiado en serio no le hace bien al corazón. |