Neil Young sigue siendo un huracán. Hubo la suerte de poder verlo en las conexiones de televisión y unos 50.000 personas afortunadas pudieron disfrutar de su energía.
Su sola presencia y la de sus historias, lo que representa para el
rock y para la canción comprometida, ya daban para la emoción.
La gente se dio a
Neil Young desde el minuto uno y
Neil Young se dio a la gente desde que conectó su guitarra y empezó a desempolvar su litúrgica voz.
Dio la bienvenida y no tardó mucho en aparecer, «
Cinnamon girl». Y ya todo fue imparable con piezas como «
Spirit road».
Resguardado por
Rick Rosas,
Chad Cromwell,
Ben Keith y
Pegi Young, la «
Electric Band», el artista intercambiaba con esa facilidad tan suya sonidos rockeros y eléctricos con los genuinos acústicos hasta que apareció, al teclado, «
Mother Earth».
Esas partes acústicas aún dejaban sabor a su era hippy, en la que aún milita, cuando lo hacía al lado del trío inseparable de hace décadas:
Crosby,
Stills y
Nash.
Y, cómo no, deja su sabor rockero, imitando los cánones de «
Crazy horses».
Neil Young siguió repasando clásicos como «
Too far gone», «
Get back to the country», o el inconfundible «
Hey hey, my my».
Con 62 años encima de una agitada vida ligada al
rock, el cantante superó un aneurisma, un duro golpe a su salud que no le ha impedido retomar el vuelo y volver a las tablas con las ganas de siempre.
Como tampoco le ha impedido salpicar su mundo de asuntos sociopolíticos.
No en vano, contaba recientemente, que había grabado «
Living with war», diez canciones contra la guerra de Irak, de un tirón, incluso llamó a sus ex colegas,
Crosby,
Stills y
Nash para dar fe de aquella facturación que había salido de su alma rebelde.
En la Ciudad del
Rock de Arganda del Rey, la sede del
Rock in Rio, decenas de miles de aficionados esperaban la salida de
Neil Young y su banda.
Si el principio fue pletórico, con una descarga de vatios imponente, el resto de la sesión no dejó a nadie impasible, porque las guitarras eléctricas no dejan de enviar mensajes de contundente energía.
Y esas fases eléctricas son envueltas, sin traumas para el espectador, con piezas más serenas y relajadas, canciones que dan pie al lucimiento de la banda, para que se desprenda el siempre exótico sonido del pedal steel de
Ben Keith.
«
Words» dio rienda suelta al conjunto, incluso provocó la espontaneidad de muchos de los instrumentistas que pueblan sus siempre sólidas bandas.
Neil Young y la «
Electric Band» ya habían certificado diversas emociones en la afición.
No era fácil, ya que la amplitud del recinto de la Ciudad del
Rock no da para sensaciones comunes; sin embargo la música y el líder de los músicos que estaban encima del escenario tienen galones de sobra como para unir al personal.
Por si acaso
Neil Young no deja de dar aquellos saltos de jovenzuelo peligroso de sus años de plomo con la música.
Hay otro factor de gancho en sus conciertos: en su largo recorrido por la escena, y ya son muchas décadas, ha tocado casi todos los palos sonoros, incluso en una ocasión se plantó medio rockabilly y mostró alguna pose electrónica, aunque siempre a su manera.
Su carácter rebelde hizo que incluso hiciera una gira con «
Pearl jam» como banda de apoyo ante la imposibilidad de anunciarse por problemas entre compañías de discos.
Los carteles decían: «"
Pearl jam" y "
quien tu sabes"», más o menos. Lo cierto es que
Neil Young ha vuelto y no defraudó durante casi las dos horas menos cuarto de sesión que dio en este festival.
Y es que
Neil Young hace honores al topicazo: los viejos rockeros nunca mueren.
Imposible cansar con su pose escénica, su sinceridad musical y un repertorio de canciones maravillosas, divinas.