La madre del punk
Sus abuelos fueron asesinados en un campo de concentración. Su padre fue un prisionero de los nazis adicto a los somníferos. Su padrastro, un cantautor disidente. Y su madre, una actriz que llegó a ser la Marilyn Monroe de la Alemania comunista. De todo eso salió ella: Nina Hagen, la madre del punk. De su expulsión de la RDA por contrarrevolucionaria a su reciente y temeroso regreso a Berlín (temeroso por miedo a que su ex marido la asesinara), pasando por su memorable presentación en Buenos Aires hace 20 años, Nina Hagen habló con Radar y repasó una carrera que la llevó de ser madre del punk a madre de un avatar despampanante llamada Cosma Shiva.
Cuentan los que lo vivieron que en el primer Festival Rock & Pop realizado en el estadio de Vélez Sarsfield en 1985, ése en el que Miguel Abuelo recibió una pedrada y cantó “Himno de mi corazón” con la cara ensangrentada, el mismo en el que según parece Charly piró como nunca hasta entonces, cuentan los que se bancaron la lluvia y el barro y los problemas de sonido que cuando Sumo salió a escena, Luca lucía una peluca de plástico que le llegaba hasta la cintura y a modo de saludo dijo: “Me dicen la Nina Hagen criolla”. Porque en aquella ya mítica fiesta del amaneciente rock democrático tocaban los grandes de la escena vernácula (Charly, Sumo, Fito, Los Abuelos, Virus, Soda... Zas, GIT) y aun algunos de las afueras (INXS, John Mayall), pero la estrella indiscutible, como en Rock in Rio, era ella: la madre del punk.
Nina Hagen, la mujer del rostro fuertemente maquillado, las pelucas coloridas y la cruz en el pecho que este año acaba de cumplir el medio siglo de vida, no pasaba en esa época por su mejor momento personal. Hacía poco había quedado embarazada del entonces vocalista de Crocodile Tears, Roby Rodgers, y ante el inminente viaje a Argentina su manager le explicó: “Con una mujer embarazada yo no salgo de gira”.
El aborto, según cuenta Nina en su autobiografía, fue espantoso: en el medio del proceso cambió de parecer, el médico trató de frenarlo y tuvo una hemorragia. “Todo el asunto fue un profundo corte en mi alma... Pero ya no estaba embarazada, y mi manager me pudo usar nuevamente como burro de trabajo.” Sin embargo, o precisamente por eso, Nina recuerda aquel recital con especial cariño: “¡Oh, fue impresionante –le dijo a Radar por mail, su medio preferido para dar entrevistas–, el público argentino era un salvaje Flamenco-Tango-Bosanova-Zamba-Caramba-Lover!”. A nivel profesional, Nina estaba en el cenit de su carrera, que había empezado hacía no tanto en un país a punto de desaparecer.
El punk que vino del este...
Nina (Cathari...
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