Silvio Rodríguez es, para muchos, el más grande de cuantos cantautores pueblan el vasto mundo. En él no sólo encuentran una figura política, una representación más o menos firme de lo que fuera un baluarte y hoy parece a punto de perecer, algo así como un Pablo Neruda de nuestro tiempo; sino que además es posible el hallazgo del más grande autor de canciones de amor que ha dado la Hispanidad.
Su fama ha trascendido las fronteras de la mayor de las Antillas, siendo conocido en toda Hispanoamérica, España, los Estados Unidos y en muchos de los países latinos. ¿Qué tiene Silvio que no tenga cualquier otro cantautor? ¿Cuál de sus rasgos lo hace parecer tan pleno y, a su vez, tan humilde, para atraer a tantos cientos de admiradores?
Llegué por San Antonio de los Baños
Llegué por San Antonio de los Baños
cuando me fue imposible no vivir.
Una loma y un río
fueron vecinos míos.
Llegué donde el amor se quiso abrir.
Llegué donde el amor se quiso abrir.
Para responder a esto, quizás sería acertado comenzar por el principio. El principio, para cada cual, no es el principio de los Tiempos, pudiérase leer la concepción de Adán. En este mundo egoísta y ególatra, el principio para cada uno es su principio. Y el principio de Silvio se encuentra en una pequeña localidad cubana, San Antonio de los Baños, el día 29 de Noviembre del año 1946. Pasó su temprana infancia en el barrio de La Loma, en el susodicho pueblo, sito a tan sólo 26 kilómetros de La Habana. San Antonio es un pueblo pequeño, que rompe con el paraíso maderero que supone el ancho valle en que se encuentra. Gran parte de la población se dedicaba entonces a la industria tabaquera, sin olvidar la notable producción textil, de especias para sazonar y de levadura de cerveza. Muchos de sus habitantes se habían dedicado al campo de la comedia, en tal grado que el pueblecito mereció el pseudónimo de San Antonio del Humor.
Sus influencias musicales infantiles no se limitaban sólo a la bolerística y sonera de su madre, mil veces mencionada por él; sino que desde niño tuvo a su tío, que formaba parte de la Jazz Band Mambí, tocándole rumbas a pie de cuna. Su abuela, entre tanto, le dormía con las canciones de la radio. En su familia había gran tradición melódica: su madre, Argelia, había formado, en su juventud, un dúo con su hermana. La primera canción que Silvio recuerda de aquellos tiempos se titula El Colibrí. Es una canción anónima cuyo origen se pierde en sus bisabuelos, y que en varias actuaciones, tanto al principio de su carrera como hoy, ya consagrado, ha tenido por bueno interpretar.
De esta manera, Silvio aprendió a cantar casi antes que a hablar, imitand...
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