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Silvio Rodriguez en MúSiCaMaNía

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BIOGRAFÍA DE SILVIO RODRIGUEZ

HISTORIA

Silvio Rodríguez es, para muchos, el más grande de cuantos cantautores pueblan el vasto mundo. En él no sólo encuentran una figura política, una representación más o menos firme de lo que fuera un baluarte y hoy parece a punto de perecer, algo así como un Pablo Neruda de nuestro tiempo; sino que además es posible el hallazgo del más grande autor de canciones de amor que ha dado la Hispanidad. Su fama ha trascendido las fronteras de la mayor de las Antillas, siendo conocido en toda Hispanoamérica, España, los Estados Unidos y en muchos de los países latinos. ¿Qué tiene Silvio que no tenga cualquier otro cantautor? ¿Cuál de sus rasgos lo hace parecer tan pleno y, a su vez, tan humilde, para atraer a tantos cientos de admiradores? Llegué por San Antonio de los Baños Llegué por San Antonio de los Baños cuando me fue imposible no vivir. Una loma y un río fueron vecinos míos. Llegué donde el amor se quiso abrir. Llegué donde el amor se quiso abrir. Para responder a esto, quizás sería acertado comenzar por el principio. El principio, para cada cual, no es el principio de los Tiempos, pudiérase leer la concepción de Adán. En este mundo egoísta y ególatra, el principio para cada uno es su principio. Y el principio de Silvio se encuentra en una pequeña localidad cubana, San Antonio de los Baños, el día 29 de Noviembre del año 1946. Pasó su temprana infancia en el barrio de La Loma, en el susodicho pueblo, sito a tan sólo 26 kilómetros de La Habana. San Antonio es un pueblo pequeño, que rompe con el paraíso maderero que supone el ancho valle en que se encuentra. Gran parte de la población se dedicaba entonces a la industria tabaquera, sin olvidar la notable producción textil, de especias para sazonar y de levadura de cerveza. Muchos de sus habitantes se habían dedicado al campo de la comedia, en tal grado que el pueblecito mereció el pseudónimo de San Antonio del Humor. Sus influencias musicales infantiles no se limitaban sólo a la bolerística y sonera de su madre, mil veces mencionada por él; sino que desde niño tuvo a su tío, que formaba parte de la Jazz Band Mambí, tocándole rumbas a pie de cuna. Su abuela, entre tanto, le dormía con las canciones de la radio. En su familia había gran tradición melódica: su madre, Argelia, había formado, en su juventud, un dúo con su hermana. La primera canción que Silvio recuerda de aquellos tiempos se titula El Colibrí. Es una canción anónima cuyo origen se pierde en sus bisabuelos, y que en varias actuaciones, tanto al principio de su carrera como hoy, ya consagrado, ha tenido por bueno interpretar. De esta manera, Silvio aprendió a cantar casi antes que a hablar, imitando los sonidos de su madre y de esa caja de Pandora que se le antojaba la vieja radio. Cuando Dagoberto, su padre, lo sacaba a pasear en brazos por San Antonio, el pequeño no perdía detalle de cuantos sonidos llegaban a sus pabellones. Algunas veces acompañó el menor de los Rodríguez a su padre hacia la taberna El Sol de Cuba, donde vendían una cerveza del mismo nombre. Para los amigos de Dagoberto la voz de Silvio interpretando canciones de los anuncios no les era ajena, y continuamente animaban a su padre para presentar al infante a los concursos que anunciaba la enlatada voz. Mas su padre, evidentemente, tenía que buscar dinero, y para ello don Dagoberto Rodríguez instaló su propio negocio en La Habana: Tapicerías el Sueño. Sus viajes a la capital se multiplicaron, al tener que viajar a lo que él concebía como un baluarte económico, que eclipsaba su anterior trabajo de agricultor. Pero su vida transcurría mientras tanto, y decidió demostrarlo acudiendo a los estudios de la CMO e inscribir a Silvio en el concurso Buscando Estrellas, donde cantaban noveles promesas. Silvito vio el miedo en el ambiente, y tuvo que ser su padre el que lo acercara hasta el micrófono. Por primera vez con acompañamiento sinfónico, entonó un bolero, Viajera. Resultó maravillosos, y el director quedó prendado de aquél joven. El Aprendiz ganó el Primer Premio ante concursantes mucho mayores. Ya entonces estaba clara su futura carrera. En San Antonio comenzó el joven cantante su educación, en la Kindergarten, lo que puede traducirse como centro de preescolar, para acudir después a la escuela. Entonces ya amaba cuanto le rodeaba, en especial la naturaleza. Pasaba horas entre los frondosos árboles y el suave paso de las aguas del Ariguanabo, donde su madre le prohibió acercarse. Este río que no llegaba al mar, que moría en el pueblo natal del trovador, era tomado como medicinal, y mucha gente acudía desde muy lejos para tomar un baño en sus aguas. Él nunca olvidó este pasado, sino que continuamente lo evocaría en su obra, en canciones como El rey de las flores. El rey de las flores tiene lagartos que cantan de salto en salto tiene batallones de abejas chiquititas arañas, babosas y aves bonitas. A la edad de los cuatro años se encontró dos bienios mayor que su nueva hermana, María de los Ángeles. Su tío por entonces le regaló su primer instrumento: una tumbadora. El joven pasaba horas tratando de imitar las melodías que escuchaba. Mas cuando Silvio acabó el Primer Grado, algo en su vida cambiaría drásticamente. Poeta en La Habana Yo soy de donde hay un río, de la punta de una loma, de familia con aroma a tierra, tabaco y frío. Soy de un paraje con brío donde mi infancia surtí y cuando después partí a la ciudad y la trampa me fui sabiendo que en Tampa mi abuelo habló con Martí. Fue entonces cuando se mudaron a La Habana. Una ciudad llena de coches, de gente, de ruido. Sintióse extraño ante el mundo moderno, algo así como un Lorca en Nueva York. Mas no por ello dejó aparte su curiosidad, nada más lejos de la realidad. Las guaguas, las voces, las canciones de los vendedores ambulantes... Todo le pareció bueno para imitar. Carlos Puebla era conocido en la Bodeguita del Medio, frecuentada por Ernesto Hemingway. A los cinco años, fue llamado Silvio a otro concurso de radio. Cantó en inglés, algo así como We are happy today, ganando un pastel y diez pesos. Fue la primera vez que ganó el joven dinero, y lo celebró volviendo entusiasmado para contarle a su madre que "había ganado dinero de papel". Entonces, a finales del julio de 1953, se frustró el intento al asalto al Cuartel Moncada, en Santiago. Los mil soldados allí guarecidos no tuvieron mayores problemas para rechazar el ataque de un tal Fidel Castro acompañado de unos 160 hombres. Pretendían los ilusos llamar a la nación al levantamiento contra Fulgencio Batista, que gobernaba tras un golpe de Estado. En el juicio, el desconocido universitario-comandante pronunció sus famosas palabras "Condenadme, no importa, la historia me absolverá.". Su abuelo Félix estaba extraño aquellos días, y no paraba de hablar de las guerras de la Independencia y de José Martí, al cual, según la historia contada inmediatamente después, conoció en una taberna de Tampa, Florida, mientras reclutaba jóvenes para el levantamiento. En La Habana Silvio pasaba horas captando perdidas notas que salían del Conservatorio. Dagoberto, asombrado de esta inusual melomanía, decidió que empezara a estudiar piano. Tenía el joven Silvito siete años. Sus admirables cualidades le permitieron ingresar cuando el curso estaba ya empezado. Su maestra jamás había visto a alguien tan apto, y llegó a convencer a su padre para que no pagara y cambiara la frecuencia de asistencia a clase, por lo que el Aprendiz acudía a clase a diario. Empezó su improvisación, amonestada por su profesora, pero desarrollado aún más por él. A final de curso, Silvio obtuvo la máxima puntuación en Solfeo, Teoría e Interpretación ante tres profesores del Ministerio. Pero él se cansó de aquel instrumento, pues sus instintos infantiles le obligaban a correr por la calle cn sus amigos. Estado en quinto grado tuvo su primer contacto con Martí a través de La Edad de oro, una revista didáctica por él escrita y dirigida a los niños. Su padre, además, acompañaba su formación con fábulas de Esopo y un poema de Rubén Darío especialmente bueno para él: Los motivos del lobo. Los fines de semana seguía yendo a San Antonio. A la edad de los nueve hizo a su padre construirle una pequeña guitarra de formica, algo así como un juguete, influenciado por Elvis Presley. Fue tras ver El príncipe valiente cuando escribió sus primeros versos, que empezaban diciendo "Los antiguos caballeros no tenían miedo a nada". Su padre se preocupaba por su formación, y le inculcó, involuntariamente, una afición a los libros de Ciencia-Ficción que aún hoy conserva, y que le ha llevado a tener una de las bibliotecas más importantes de Cuba. Cuando sus padres se separaron, Silvio volvió con su madre y su hermana pequeña a San Antonio, donde andaba con Alayón, que era partidario de la indiscriminada disección de arañas y lagartijas, y que llegó a ser uno de los mayores expertos mundiales en arácnidos. Era muy conocido Narciso El Mocho, un viejo que vendía papalotes (cometas) y rocas; y que invitaba a los niños cuando tenía algún encargo especial. En su lecho de muerte, todos los niños lo visitaron conteniendo las lágrimas. Dedicóle tiempo después una canción el joven. Será por tu vivienda hecha de ruinas y de misterios, porque partías la roca para ganarte un par de medios, o por tus tira-piedras, los más famosos de La Loma, de la mejor horqueta de la guayaba, y duras gomas. Será por todo esto que mi memoria se empina a ratos, como tus papalotes, los invencibles, los más baratos; y te levanta en peso, Narciso el Mocho, para ponerte entre los elegidos: los que no caben en la muerte. Un día su abuelo le llevó a conocer una tabaquera, en la que el padre de Argelia leía una historia a los trabajadores, a fin de hacer más agradable el arduo trabajo. Por ello, los tabaqueros eran una de las clases más cultas, y fueron impulsores de los primeros movimientos obreros. Triunfo de la Revolución Dicen que me arrastrarán por sobre rocas cuando la Revolución se venga abajo, que machacarán mis manos y mi boca, que me arrancarán los ojos y el badajo. Será que la necedad parió conmigo, la necedad de lo que hoy resulta necio. La necedad de asumir al enemigo, la necedad de vivir sin tener precio. Corría el año 58 y La Habana era un hervidero de casinos, hoteles y prostíbulos. Un millón de sin techos vivían precariamente, miles de campesinos no gozaban de asistencia médica y los niños morían de paludismo. Mientras, EEUU exportaba la mayor parte de los productos de consumo, frenando la industria local. El 80% de los habitantes no ganaba lo suficiente para comer. Batista acababa con las protestas de un plumazo, mediante la represión. Desde 1952,cerca de 20 000 jóvenes murieron por orden del dictador, y la isla vivía inmersa en el miedo. La gente conocía la presencia de un par de conocidos guerrilleros en las montañas. Un tal Che Guevara y otro que intentó un motín años atrás: Fidel Castro. Radio Rebelde operaba desde la Sierra, donde todo el pueblo depositaba su esperanza. Para Silvio aquello no pasó desapercibido, y notaba la tensión en el ambiente, escuchaba Radio rebelde, jugaba a los soldaditos con sus amigos. Conocía por boca de su abuelo el desembarco de unos guerrilleros cerca de donde lo hiciera Martí en 1895, y su posterior exilio voluntario en Sierra Maestra. El 20 de Noviembre de 1958 Argelia regresó con sus hijos junto a Dagoberto. En La Habana el ambiente era más tenso, y se vivía de pleno la pobreza. Mafias estadounidenses controlaban los negocios, mientras grandes vallas publicitarias anunciaban cervezas y refrescos, teóricamente productores del "Estilo de vida americano". Los turistas se paseaban por La Haban como si allí estuviera puesta para su deleite personal. Pero la situación era alarmante: los americanos tenían amarrados en el puerto sus barcos y yates para poder salir hacia Miami a la mínima noticia. En año nuevo, los rebeldes se hicieron con el poder, y Batista no pudo sino escapar. El primero de Enero del 59, los Rodríguez amanecieron con la noticia del derrocamiento del dictador de mesa camilla. Esa noche, Ernesto Che Guevara fue multitudinariamente recibido en La Habana, mientras Fidel entraba aclamado en Santiago de Cuba. Cuando el 8 de enero Fidel, Camilo Cienfuegos y el resto de guerrilleros entraron en la capital, Silvio ya estaba allí, acogiendo en su casa a campesinos que llegaron a La Habana sólo para admirar a los paramilitares. Ya nada malo podía esperar, tras el fin de la tiranía, de la pobreza, de la ignorancia. Parafraseando a Umbral, "en una Habana santiaguera de tedio y plateresco, en una Santiago habanera de Plata fría, Fulgencio Batista, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte": Ya nunca más sería necesario ridiculizar al dictador. Ya no había dictador. Tras la Revolución A caballo de tan necesario Me siento más revolucionario. La Revolución intervino en las compañías yanquis que operaban en Cuba nacionalizándolas. Cuando Silvio comenzó el bachillerato en la escuela Carlos J. Finlay de La Habana se encontró con una profunda reforma educativa. Asistía a clase de noche y organizaba actividades políticas de día. Así conoció al joven Vicente Feliú, que era un muchacho muy activo que siempre participaba en las movilizaciones, y que fue uno de los fundadores de los CDR, una especie de comités vecinales para la defensa de la Revolución, con sólo 12 años. Desde principios del 69 Silvio pertenecía a la Juventud Socialista de San Antonio, y en el 60 se integró en la Asociación de Jóvenes Rebeldes. EEUU no podía admitir un sistema socialista a tan poca distancia, y comenzaron las hostilidades. Cuba firmó acuerdos con la URSS y empezó a llegar armamento. Los yanquis realizaban frecuentemente vuelos de reconocimiento y, en ocasiones, atacaron puntos estratégicos del país, llegando incluso a ametrallar La Habana. Cuando el 4 de Marzo del 60 Silvio salía del cine escuchó una gran explosión. Un barco que transportaba armas a Cuba había sido saboteado por la CIA en el puerto de La Habana, causando más de cien muertes. En el entierro, entre gran multitud, Fidel pronunció por primera vez su famoso "Patria o muerte". Fue en ese entierro cuando Alberto Korda inmortalizó su rabia y su convicción en la que llegaría a ser la fotografía más reproducida de la Historia, y que hoy preside el Ministerio de Asuntos Exteriores en Cuba. Silvio percibía la rabia contenida, la impotencia, allá por donde iba. En julio de ese mismo año Estados Unidos prohibió la compra de azúcar cubano, afrenta a la que Cuba respondió con la nacionalización de las empresas. Como respuesta, los yanquis declararon el Bloqueo Comercial a la Isla, anulando tanto la importación como la exportación, y presionando para que ningún país comerciara con la isla. La madre de Silvio se casó con Rolando y se instaló en una casa a pocos metros de la de Dagoberto, abriendo allí su propia peluquería. Pero el joven era muy tímido y, cuando la casa se llenaba de mujeres, él se escondía debajo de la cama y pasaba horas leyendo. Un día vio Fantasía y su admiración por la música clásica fue, desde entonces, en aumento. Frecuentaba la fonoteca de la Biblioteca Nacional José Martí, donde pasaba horas escuchando a los grandes clásicos. En Cuba se decía que había grupos de cubanos disidentes que recibían entrenamiento militar en Florida. El 20 de enero de 1961 ascendió Kennedy a la presidencia, y autorizó a la CIA a preparar un plan de invasión. A principios de abril se presentaba inmediato, por lo que Fidel movilizó todo el ejército y la milicia, poniendo al país en pie de guerra. El día 15 comenzaron los bombardeos sobre La Habana, Santiago de Cuba y San Antonio de los Baños. Todo el pueblo pedía armas para defender Cuba. El día 16, por si no estaba la cosa caliente, Fidel declaró oficialmente la revolución como socialista, con las palabras "Ésta es una revolución de los humildes, para los humildes, por los humildes". Los bombardeos comenzaron ese día sobre la base de San Antonio. El día siguiente, unos mil quinientos soldados desembarcaron el Bahía Cochinos, entre Playa larga y Playa Girón. Terratenientes, industriales y militares de batista eran los invasores, y la lucha se prolongó hasta el 19 de abril, cuando los cubanos ganaron la primera batalla a Estados Unidos en América. Los prisioneros eran entregados un año después a cambio de material médico. Silvio participó en las Brigadas de Alfabetización que pretendían implantar los principios del marxismo y acabar con la incultura heredada del régimen de Batista. Las escuelas pararon su actividad durante un año, y unos cien mil jóvenes se apuntaron a convivir entre seis y ocho meses con familias campesinas. Al principio, su madre se mostró reticente, pero accedió al deseo de Silvito. Formando parte de la Brigada Conrado Benítez, marchó a las montañas, donde conoció la miseria y la ignorancia entre bandas contrarrevolucionarias. Mataron a un compañero suyo, y se decidió el traslado a Rancho Luna, una zona costera en Cienfuegos. Al quemarse con una planta muy venenosa, el Guao, que crece en Cuba, se vio obligado a volver a casa. Los demás siguieron y, en cada casa en que se sabía leer y escribir se colocaba una bandera azul en la puerta. Pronto todo el territorio se pintó de azul, y en diciembre se declaró a Cuba Territorio Libre de Analfabetismo. Poco después, el joven Aprendiz comenzó a interesarse por el dibujo, en especial el humorístico. Compraba habitualmente la revista Mella para la cual, por recomendación de su padre, se ofreció. Fue la primera vez que tomaba la iniciativa, aunque no por propia voluntad, sino por imposición paterna. Desde principios de 1962, con 15 años, comenzó a trabajar en la susodicha. Silvio dibujaba una historieta muy profunda, que se llamaba El hueco, con texto de Norberto Fuentes, teniendo como maestro a Virgilio Martínez, que era el creador de un personaje antibatistiano. Silvio ponía mucho empeño y la revista, en pago, le compraba libros para que pudiera profundizar. Conoció en esa época a Víctor Casaus, Luis Rogelio Nogueras, Guillermo Rodríguez Rivera y otros, amén de conocer libros de Poe, Guillén, Neruda, etc. Fue entonces cuando se encontró con la guitarra. Lázaro Fundora, un compañero dibujante, tocaba en un trío como aficionado y le enseñó a Silvito sus primeros acordes. Una tarde estaba Silvio con sus amigos cuando alguien apareció con una grabadora. La grabadora era un objeto extraño, y aquellos muchachos vieron factible encerrarse durante horas y cantar. El Aprendiz improvisó el Rock de los fantasmas. Fue su primera canción. EEUU había conseguido expulsar a Cuba de la OEZ (Organización de Estados Americanos), lo que Fidel respondió en la Primera Declaración de La Habana, declarando a Cuba como el Primer Territorio Libre de América. A partir de julio de 1962 se instalaron cabezas nucleares en Cuba, y los aviones espías estadounidenses los detectaron a finales de agosto. Los yanquis se pusieron en estado de máxima alerta, y se temió por la guerra nuclear, hecho que ya se daba por seguro en ambos bandos. Los cubanos derribaron un U-2 espía, y los nervios fueron a más. Un cuarto de millón de norteamericanos estaba preparados, y EEUU bloqueó los barcos soviéticos con dirección a la isla. Todo el país, incluido Silvio, se acuarteló en sus lugares de trabajo. Se esperaba un ataque nuclear al amanecer, y se recomendaba mirar al oeste cuando explotase la carga. Sabiéndose muerto, presentía que tras la noche, vendrá la noche más larga. Pero los soviéticos se comprometieron a quitar los misiles, evitando el conflicto. Hasta los diecisiete años estuvo dibujando como caricaturista, y en la cocina de su casa pintó a Fidel Castro a tamaño natural. Entonces retomó los estudios de piano, dejándolos al ser llamado a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). La guitarra del joven soldado La guitarra del joven soldado es pecosa y discreta. Es tan tímida que sólo canta pasadas las diez. Cuando tocan silencio ella espera una hora y se escurre de puntas, los pies, y en el monte, debajo de un árbol, suelta al viento su amor y su fe. Como no se podía llevar el piano al ejército, compró una vieja guitarra que pintó por completo. Para él era un honor el servicio de tres años, pero le incomodaba la rigidez de horarios. Pasó un curso de infantería y se le destinó a la unidad de paracaidismo, pero su débil constitución lo apartó de ese campo. En la unidad móvil de comunicaciones tampoco cuajó. Ni de explorador ni de liniero servía el débil Silvio. Entonces se hizo telegrafista. Aquí afinó su oído hasta que, en 1964 empezó a trabajar en la revista Venceremos, en La Habana. Conoció a Esteban Baños, que le enseñó algunos acordes. En ese instrumento encontró el compañero perfecto para no aburrirse, el perfecto remedio del tedio. Compuso sus primeras canciones y cantó boleros y calipsos. Sus canciones de aquella época fueron Sausade, La cascada, Atavismo, Te vas, La otra presencia, Cuando el sol se pierde, El viento eres tú, Es sed y De qué valen mis razones. No alcanzó aún el amor positivo que tan fértil resultó en sus canciones años después. En 1965 empezó a trabajar en Verde Olivo, donde estuvo hasta el final de su servicio militar. Conoció a Teté Vergara entonces, que le enseñó lo que fue la vida del artista en otros tiempos, e iba a su casa a escuchar su plática. Trabajaba muy entusiasmado, hasta el punto que incluso le propusieron dedicarse al periodismo. Cuando tenía guardia, Silvio cogía la guitarra y tocaba hasta altas horas de la madrugada. En ella plasmaba su genio, dejaba algo de su enorme capacidad. Los compañeros lo animaron y se presentó a festivales de aficionados de las FAR. Con Luis López, un compañero de revista, cantó dos canciones suyas, con corbata y americana. Era la primera vez que actuaba así. El poeta y director dela revista Luis Pavón Tamayo lo descubrió una noche pasando unos poemas a máquina, descubrió su talento y le recomendó algunas lecturas. Por entonces conoció a Emilia, una chica que le enseñó muchas cosas, y le descubrió el mundo de Vallejo, de sus imposibles adjetivos, de sus increíbles sustantivos. Silvio quería hacer canciones diferentes, cada vez más complejas. Así, compuso en el 66 Y nada más. Silvio nunca tuvo una influencia clara y directa. Sus referencias más evidentes eran las de la Trova Tradicional Cubana, pero poco deja entrever de su estilo en su música. La música que escuchaba era comercial. Entonces llegaron Los Beatles a sus oídos. Y lo más importante: durante un permiso descubrió en su casa a Sindo Garay. Una tarde se le ocurrió telefonear a Vicente para contarle su devenir con la guitarra. Vicente, misterioso, afirmó tener un secreto que contarle, pero sólo en su casa. Cogió su guitarra Silvito y acudió a casa de su amigo. Entonces se encontraron los dos, uno frente al otro, cada uno con su guitarra. La sorpresa, como cabe esperar, fue mayúscula. También en aquella época se reunía con un grupo de poetas cercanos a la revista El Caimán Barbudo. Un amigo le propuso conocer a Belinda Romeu, que hacía canciones desde joven. Aceptó. Tocó seis o siete canciones, y un hombre salió de una puerta: el padre de la cantante. Quedó prendado de las canciones de Silvio, y le propuso hacer una prueba de grabación. El Aprendiz quería que otros cantasen sus canciones, pero el hombre insistió y lo citó en el ICR (Instituto Cubano de Radio). Mario, que así se llamaba el padre de Belinda, quería que debutase en televisión, mas el joven se negaba. Aburrido, acudía frecuentemente a la Biblioteca. Pero lo cogieron fuera de servicio, y estuvo un mes sin permiso para salir. El 12 de Junio del 67 Silvio dejó el ejército, tras tres años y tres meses y más de cien canciones compuestas. Al día siguiente cantó en un programa de televisión, Música y Estrellas. Silvio, invadido por un miedo escénico, apareció sobre una banqueta con su guitarra. "Quédense con ese nombre: Silvio Rodríguez", publicaba la crónica de Verde Oliva. Hasta hoy Comenzamos un día por los tiempos de siempre y todavía; comenzamos felices a juntar cicatrices, como buenas señales de los años, y, peldaño a peldaño, levantamos paisaje sin excusa, sin ruego y sin ultraje. ¿Quién se atreve a decirme que debo arrepentirme de la esperma quemante que me trajo? Porque sangra de abajo yo no vendo ni rajo mi pasión. Los festivales se fueron sucediendo desde entonces. En 1967 Silvio da su primer recital, denominado Teresita y nosotros, dedicado a la trovadora Teresita Fernández. El 29 de junio de 1967 se celebra en La Casa de las Américas de La Habana el primer festival de Música Protesta. Hubo más de 50 participantes de todos los continentes. Ahí arrancó su carrera. Por entonces se hace miembro de la ICAIC (Instituto Cubano de las Artes y de Industria Cinematográfica), donde compone, junto a otros artistas, canciones para las películas cubanas. En esos años marcha a Angola a luchar junto a las FAR, el segundo ejército más importante de América, tras el de los Estados Unidos. Allí se hace gran amigo de Pablo Milanés, y lucha por la Patria, cumpliendo su sueño de internacionalidad. En septiembre de 1969, cuando zarpó de La Habana en el motopesquero "Playa Girón", incluso fuera de Cuba el núcleo inicial del después llamado "Movimiento de la Nueva Trova", del que fue uno de sus fundadores, "ya era calificado por algunos como un urticante pero insoslayable suceso de la revolución cubana". Cuatro meses y dos días estuvo de travesía, en los cuales quedaron 62 canciones, muchas de ellas inéditas, de cuando era, según dijo, "incomprendido y calumniado", 13 partituras y algunas fotografías de ese momento. Entonces tenía 23 años, hacía dos que había concluido el servicio militar, llevaba 27 meses de "artista profesional" y sentía pánico por las luces y las cámaras lo que, confiesa, "me sucede todavía". La primera canción que compuso a bordo del barco fue Un barco sigue al mundo, el día 27 de septiembre de 1969. La última, coincidiendo con el final de la recogida, fue Al final de este viaje en la vida, el 28 de enero de 1970, cuando regresó a bordo del pesquero Océano Pacífico. Además, otras canciones como Ojalá, El rey de las flores, Resumen de noticias, Jerusalén, año cero y Cuando digo futuro fueron compuestas a lo largo de la travesía en el motopesquero. El cantautor resume cómo fue preparado "aquél deseo navegante" como llamó al viaje que, según dice, no sólo lo inspiraron Simbad, Melville, Conrad, London y Poe porque "en los últimos años había trepado a una montaña rusa vivencial que me había conducido casi a la locura y el hilo del que pendía mi existencia se tensaba peligrosamente". En 1975, cuando lleva ocho años de profesional y ha compuesto cientos de canciones, saca al mercado su primer disco en solitario, titulado Días y Flores. Es cierto que en otros autores esto puede considerarse anticarismático, pero en Silvio el carisma no se crea, sino que se construye día a día. Ha tenido momentos especialmente agradables, como el concierto en Santiago de Chile, tras la derrota de Pinochet, donde logró llenar un estadio y todas las calles circundantes. Momentos agrios, como el enfado con Pablo Milanés, tampoco han faltado. ¿Y qué queda? Queda un hombre: Quedan cientos de hombres, cientos de mujeres que han sido educados no sólo en el socialismo gracias a Silvio, no sólo en el amor gracias a Silvio, no sólo en la bondad gracias a Silvio. Quedan miles de personas que han sido educadas en un estilo de vida que es, objetivamente, el más justo. Además, queda una música que parece querer dar guerra unos cuantos años más, un cantante que esperemos alcance la longevidad de tantos trovadores cubanos, una guitarra que se ha multiplicado y en cada uno de sus admiradores ha logrado arrancar acordes insospechados, inauditos, inasibles en ocasiones. Y quedan miles de canciones, millones de poemas, de odas al amor, a la vida, al hombre. Quedan los versos más tristes y los más jubilosos que jamás se han visto acompañados por tan sublime melodía. Nos queda Silvio Rodríguez, lo cual es digno de toda alabanza. Y a él le quedamos nosotros, que no somos poco. Todos salimos ganando.

 
 
 
 
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