En cuanto se apagaron las luces, a las 21:46 horas, como aludiendo a la portada del disco que da nombre a la gira "
Zeitgist" que muestra a medio hundir a la Estatua de la Libertad, el escenario pintó de rojo a músicos e instrumentos que marcan el retorno de esta agrupación estadounidense separada hace siete años, pero que en este 2008 mantiene sólo al baterista
Jimmy Chamberlin y al líder
Corgan.
El público, de pie, desde un inicio supo que la esencia seguía intacta, pues
Corgan, hombre raro, explosivo y sensible con una falda de olanes de piel negra puesta, rescató de aquellos años 90 a una dama en el bajo (Ginger Reyes), estridentes guitarras eléctricas a la par, un piano (
Lisa Harrington) con la carga de nostalgia necesaria, y sobre todo, estructuras complejas en sus temas.
Baste con decir que "
United Satates", la canción con que iniciaron, duró 10 minutos.
Apenas corría el cuarto tema del setlist y "
Tonight, tonight" ya extasiaba a sus fans. Pero como si fueran sagradas, "
1979", por ejemplo, fue interpretado magistralmente por
Billy, es decir, sin más instrumentos que su guitarra acústica, las palmas y las voces del público.
Con "
Perfect" lo acompañó su guitarrista
Jeff Schroeder con un pandero, pero con "
Mayonaise", "Rocket", "
Ava adore" y "
Stand inside your love" apenas si se oían las voces a coro de los presentes.
La noche fue presentando sorpresas. Una de ellas, el cover de
Pink Floyd, "
Set the control for the heart of the sun", interpretada magistralmente.
Y aunque parecía no poder hilar frase alguna, pues a medio concierto entre risas tímidas sólo atinó a decir "
¿cómo están?", en español, al final,
Corgan entró en el calor del Telmex que nunca prendió el aire acondicionado, y colgó una máscara de luchador en el micrófono, mientras se despedía.
Pero el clamor los hizo regresar, con uno de los temas -que a decir de
Corgan, hacía mucho no tocaban, "
To Sheila" en punto de las 00:00 horas.