De repente abres los ojos y han pasado 20 años. 22 para ser exactos, desde el momento en que respondes a un aviso que busca “
una bajista que le guste Husker Du y Peter, Paul and Mary” y te encuentras con dos roommates con un puñado de fantásticas canciones.
Que, para mejores señas, responden a los nombres de
Joey Santiago y
Charles Thompson III (
Black Francis, de ahí en más) y tienen la extraña idea de unir a
The Stooges y
The Cars en canciones de dos minutos y medio y llamarse
Pixies.
Sólo faltará un infalible baterista y cuatro magníficos discos para comenzar y terminar la leyenda en tiempo record.
De ahí, pasan trece años, el mito crece (no tu cuenta bancaria, lamentablemente) y decides limar asperezas y pasearte por el mundo como una buena banda de auto-tributo.
Claro que cuando te vuelves a juntar, pareciera que fueras la única que, efectivamente, pasa un buen rato sin pensar en la carrera solista, las deudas impagas o el regreso discográfico.
Porque te llamas
Kim Deal y ya has tenido suficientes pesadillas gracias al alcohol y las drogas y te dan pocas ganas de responder a las expectativas ajenas.
Por eso es que llegamos a 2008, donde revives a tu antigua banda (mas bien te juntas con tu hermana Kelley y algunos amigos del barrio) y sacas nuevo disco, vaya uno a saber para qué.
Y eso es
Mountain Battles, el nuevo álbum de
The Breeders, que encuentra a las gemelas
Kelley y
Kim Deal reactivando una carrera que parecía sepultada luego del regreso a mediana gloria de
Title TK (4AD, 2002). Considerando que entre ese álbum y el exitoso antecesor
Last Splash (4AD, 1993) transcurrió ni más ni menos que una década, podríamos decir que con la reunión
Pixies y la desintoxicación de por medio, la demora de sólo seis años en sacar disco nuevo, transforma a
The Breeders en una banda en plena actividad. Si eso incluye shows en Coachella, más regularidad en tours y la credibilidad que sólo puede dar el sonido rugoso proveniente de los estudios de Steve Albini (y de otros ingenieros más en los varios años que tomó la realización del disco), nada más se puede agregar.
Lo anterior no significa que la maldición del profesionalismo haya llegado al sótano de
The Breeders, a pesar de varios de los primeros overdubs de la carrera discográfica del grupo.
Por el contrario,
Mountain Battles es un representante ideal de la lógica de la banda: con buenos momentos, pero con una siempre presente dosis de intentos fallidos.
La diferencia es que acá los aciertos no sólo ocurren cuando la gemelas Deal se entregan a su peculiar manera de entender el pop como “
German studies” o el cover de
The Tasties “It’s the love”, sino que también cuando optan por bajar las revoluciones en la primera mitad del disco con la fantástica dupla de “
Night of joy” y “
We’re gona rise”.
Entre medio, los fracturados experimentos de “
Spark” o “
No way” y la abulia de “
Walk it off”, no logran empañar un buen resultado, sobre todo si se evita la incomprensible versión del bolero “
Regálame esta noche”.
Aparcando el descafeinado semi regreso de
Tittle TK, lo nuevo de
Breeders puede unirse de manera simple con aquel furioso inicio a medias con
Tanya Donelly llamado
Pod (4AD, 1990) y los tres minutos y medio de fama que supuso
Last Splash.
Claro que
Kim Deal y (bastante obvio) su hermana
Kelley tienen década y media más en el cuerpo y la furia rockera ha dado paso a cierto paso cansino, susceptible de reconocer en aciertos como “
Night of joy” y la placidez country de “
Here no more”.
Es ahí cuando surge la hipótesis de cómo se hubiesen combinado los mejores momentos de
Mountain Battles con el mediano resultado de
Blackfinger (Cocking Vynil, 2007), el regreso a los gritos de
Black Francis. Bueno, probablemente nada de esto preocupa a
Kim, que debe sentirse lo suficientemente feliz con tocar de vez en vez y esbozar la misma sonrisa cool de hace 22 años. Para pensar en esas cosas está Frank Black, los críticos de música y casi todo el resto del mundo.